30 días, 1 historia: Mayo


november cartel

Este mes aunque estemos en primavera y el polen se esparza letalmente al borde de las fosas nasales de media humanidad, añoramos el frío invierno como almas oscuras que somos y recomendamos November de Rainer Sarnet porque la historia lo vale y pocos cinéfilos le hemos prestado la atención merecida.

El cine y el folklore de los países pequeños de la Europa del norte son prácticamente desconocidos en latitudes más meridionales del viejo continente. El realizador estonio Rainer Sarnet, director de una decena de títulos es una figura anónima aún en los círculos cinematográficos más especializados. November se estrenó en 2017 en el festival de Tribeca con la esperanza de salir del ostracismo, pero pasó desapercibida igual que en su paso por el Festival de Sitges. Los fans más puristas del género dieron una tibia acogida al film, quizá por la barrera cultural que supone un idioma y una forma de narrar tan dispares a lo que puede esperarse en un festival de género. Su cuidada fotografía en blanco y negro ya le da una pátina de cine de autor que huele a Bergman y a Tarkovsky, aunque ésa sólo sea la primera impresión. Desde aquí rompemos una lanza y mil si son necesarias por toda la poesía sin ñoñeces que destila November.

La película es una fábula medieval que muestra la vida de los habitantes de una aldea estonia que viven atados a la tradición y las supersticiones. Y también es una preciosa historia de amor imposible que surge entre el frío de la escarcha y la escoria de la pobreza para alzarse como rayo de esperanza en la vida triste y mísera de Iliia (Rea Lest), nuestra joven protagonista. La chica está absolutamente enamorada de Hans (Jörgen Liik), un joven soñador y un poco pasmado de la granja vecina que sólo tiene ojos para la hija (Jette Loona Hermanis) del barón alemán, enemigo invasor y señor feudal de las tierras donde se asienta la aldea.

La historia da inicio con la surrealista escena del periplo de un kratt, transportando por los aires a una vaca (la vaca vuela, sí señores!!!) de un establo a otro. Los kratts son seres mágicos del folklore estonio, creados al unir aperos de labranza, una hoz y una hazada por ejemplo, de manera rudimentaria. Los granjeros los construyen para que los ayuden en el campo. Luego se van a una encrucijada en el bosque donde invocan al diablo y le piden que dé vida al kratt a cambio de sellar un pacto con sangre donde venden su alma a cambio. El diablo es un ser tan esperpéntico y chiflado que logran engañarlo fácilmente usando zumo de frutas en lugar de sangre para no perder el alma.

Por esta aldea congelada desfilan kratts, licántropos, brujas y espíritus que vuelven a casa a cenar una vez al año en el Día de Difuntos y hablan con naturalidad de la vida en “el más allá”. También hay plagas terribles que se transforman en bellas doncellas o cerdos de pocilga; y animales donde se encarna el alma del abuelo o la madre difunta. Todo ocurre entre la dureza de la vida bajo cero y el hambre clavándose en los huesos, mientras los taimados vecinos se roban unos a otros. Sobre todo roban al terrateniente alemán, al que despluman sin miramientos y ante la impotencia del remilgado señor que no tiene arrestos para rebelarse contra unos vasallos que son rudos, sucios, malhablados y duros como una roca.

El film tiene una soberbia fotografía que enmarca de manera casi pictórica algunas imágenes de belleza sobrecogedora como el intento de suicidio de Iliia al más puro estilo de una Ofelia/Julieta desolada que ha perdido su único asidero vital. Las escenas en el bosque, rodadas con una niebla fantasmagórica en la noche de difuntos dotan a toda la narración de un tinte onírico que nos hace pensar en el existencialismo y la falta de religiosidad proverbial en algunos pueblos norteños como los finlandeses y los propios estonios. El cristianismo llegó tarde y con poca fuerza para batallar contra las creencias populares y el folklore bien arraigado en la tierra durante siglos. 

Después de tanta belleza y simbolismo también es posible el humor en esta fábula. La comedia hace entrada de la manera más surrealista y sacrílega posible, rozando también lo escatológico. El director se recrea en la crudeza y la fealdad de unos seres a los que los rigores del hambre, la enfermedad y el invierno perpetuo han contrahecho. La única opción vital es la rudeza, la brutalidad y la astucia para engañar al destino y a Jesucristo si hace falta. Especialmente memorable es la escena en que la peste llega al pueblo en forma de cerdo ruidoso y el jefe del clan idea un plan para salvarse de la plaga. Convence a toda la aldea para ponerse los pantalones en la cabeza y así engañar al cerdo/peste “que pensará que tenemos dos traseros y no sabrá donde atacar”. Evidentemente la argucia no funciona, al menos no del todo. 

¿Por qué hay que ver November? Es una película que superada la barrera inicial y los prejuicios que puede haber contra un cine de autor que a muchos espectadores puede parecerle aburrido, te atrapa. Si te dejas llevar por la historia, puedes quedar fascinado ante la belleza visual de las imágenes y la trama, con unos toques de humor muy surrealistas que te descolocan y animan el conjunto, salvándolo de caer en el tedio incluso para los más reticentes. Si tienes corazoncito Iliia te derretirá con su ternura y su preciosa manera de amar, pero de amar de verdad, no como en los culebrones de época de la 1.

¿No verla es una opción? No debería serlo, pero si eres un/a tipo/a duro/a, inconmovible, tu corazón es una roca y sólo te emociona ver caer como moscas a zombis enemigos o jovencitos forniciadores que se lo han buscado en un slasher a ritmo de moto-sierra (que también mola y mucho!) pues mejor no la veas. En tu caso a los diez minutos puede que estés roncando a pierna suelta porque la película se desgrana con calma y con espacios para que la trama respire y el espectador se fascine con lo bonito que es todo en November. Si aún no te hemos convencido, no pasa nada. Si nos estás leyendo, te queremos igual. 

 

 

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30 días, 1 historia: Abril

al acecho
En Abril recomendamos esta novela de Jack Ketchum que nos ha hecho plantearnos si nos hacemos veganos y dejamos de ver Crónicas Carnívoras en Blaze, a la espera morbosa del infarto televisado. ¿Qué mejor día que el Viernes Santo en que todo buen creyente practica el ayuno y evita la ingesta de carnes y derivados para empezar a leer esta sangrienta obrita?
Jack Ketchum estuvo a punto de dedicarse a la ebanistería o a cualquier otro trabajo manual y privarnos del placer de leer sus “obras sangrientas, violentas y pornográficas”, como las describieron los magazines de los años 80. Gracias a su amistad con Stephen King y sobre todo a su mentor, Robert Bloch, Ketchum se decidió por la escritura. Su literatura podría enmarcarse dentro del género del “nuevo gótico americano”, donde el horror ha dejado atrás el castillo y los entes sobrenaturales; y nos muestra que el peor monstruo es el ser humano. Paletos caníbales, sádicos torturadores e incautos urbanistas enfrentados a una naturaleza hostil son los principales protagonistas de las historias de Ketchum. Dallas Mayr, verdadero nombre del autor, tuvo que lidiar con la censura de los editores sobre todo en ésta su primera novela publicada en 1980. No haremos spoilers, pero el autor batalló duramente contra la editorial que llegó a cortar con tijeras implacables varios de los pasajes más sangrientos y menos complacientes para el lector. Ketchum “se bajó los pantalones” en muchas concesiones a los editores, como él mismo dijo en varias entrevistas. Quería incluir varias recetas culinarias con la carne humana como principal ingrediente, pero no se lo permitieron. Lamentó profundamente que no le dejasen incluir una receta sobre como preparar carne en cecina, que el autor consideraba especialmente útil para sobrevivir en la naturaleza. Por si los lectores, se perdían en el monte. Vamos, un Bear Grylls de los 80.
El argumento nos narra la historia de Carla, una escritora de Nueva York que alquila una casa en un pequeño pueblo de Maine (dónde si no!) buscando un retiro espiritual para dedicarse a escribir. Su hermana Marjorie y unos cuantos amigos más vendrán a pasar unos días con ella y relajarse al estilo de los urbanistas en el campo, es decir, cerveza y fornicio. Sin embargo, sus ideas de relax y diversión serán truncadas por una gran familia de salvajes caníbales que tienen otros planes para los deliciosos neoyorkinos.
La novela está escrita con un estilo directo de frases cortas y ritmo ágil que engancha desde el minuto cero. La escritura de Ketchum está plenamente influenciada por el cine y la cultura pop. El autor reconoció que una de sus mayores influencias al escribirla fue La noche de los muertos vivientes de George A. Romero. En la época en que la escribió ya estaba en pleno auge el slasher con hitos como Las colinas tienen ojos, cuya familia caníbal tiene muchas semejanzas con los salvajes de Al acecho.
¿Por qué hay que leer Al acecho? supone un buen acercamiento a la obra de Ketchum que más tarde sería guionista de cine y vería como varias de sus obras se adaptaban a la gran pantalla con buenos resultados. No es su obra más lograda, pero permite conocer las obsesiones del autor y sus filias por las historias más transgresoras y poco complacientes con el lector. La obra que nos ocupa es de extensión mínima y se lee con agilidad en una tarde. Si eres un fan del slasher y del extremismo francés te cautivará.
¿Algún problema? Se le puede achacar a esta novela primeriza que no hay profundidad en el estudio de los personajes y que algunos son estereotipos con patas, lo cual da poco espacio a la empatía con sus sufrimientos. Si buscas alguna disquisición profunda ética o moral ésta no es tu novela. Y por supuesto no es una obra apta para estómagos sensibles ni morales puritanas.
A los más duros de roer, recordarles que es una novela de 1980 que tuvo que lidiar con la censura de la época. Así que no se le puede pedir más sangre ni más transgresión moral de la que da. Personalmente hay un pasaje que me ha hecho preguntarme si Panos Cosmatos, el celebrado director de Mandy no se la habrá leído también.

30 días, 1 historia: Marzo

En Marzo recomendamos acercarse a este clásico imprescindible de la literatura fantástica que nos va a llevar de viaje a mundos góticos y maravillosos a partes iguales.

Jan Potocki, conde de origen polaco, viajero, científico, historiador, artista y ante todo aventurero, recorrió buena parte del mundo oriental y occidental con una curiosidad y un espíritu libertario excepcional para su época.

Proveniente de una familia muy acaudalada Potocki pudo dedicarse a viajar e investigar, llegando a ser consejero privado del zar de Rusia Alejandro I. Autor políglota escribió el Manuscrito en francés, idioma emblema de la cultura y la erudición. La obra se publicó en dos partes. La primera con el título de “Los 10 días de la vida de Alfonso Van Worden” entre 1804-1805 y la segunda parte “Avadoro, una historia española” en 1815.

La acción transcurre en 1715. Alfonso Van Worden tiene que atravesar a caballo la Sierra Morena de Andalucía para llegar a Madrid donde le esperan para enrolarse como capitán de la Guardia Valona (cuerpo de élite al servicio de Felipe V). En su viaje vivirá mil aventuras cruzándose en el camino con princesas árabes, bandoleros, gitanos, cabalistas y hasta endemoniados. Una de las primeras aventuras ocurre la primera noche que pasa en la Venta quemada, un lugar con fama de encantado, donde tiene un encuentro amoroso con Emina y Zibedea, dos princesas árabes hermanas, casualmente primas lejanas de Alfonso. Las dos hermanas tienen una relación tan estrecha y cordial que no les importa “compartir marido” y así sucede esa noche que pasan los tres juntos. Al final de la velada, Alfonso amanece al pie de la horca entre los cadáveres putrefactos de dos bandoleros ahorcados, los hermanos Zoto. 

En la primera parte todas las aventuras suelen acabar con nuestro protagonista despertándose al pie de la horca. Llega un punto en que el propio Alfonso duda de lo que ven sus ojos y se cuestiona si vive en una ficción creada por su propia mente o es víctima de algún embrujo. 

La segunda parte empieza con la narración de la historia de la vida de Avadoro, un patriarca gitano al que Alfonso conoce cuando se está alojando en el castillo de unas cabalistas. Aquí las narraciones pierden el cariz fantástico para centrarse más en historias de nobles y amores cortesanos. 

Toda la obra utiliza la estructura de historia dentro de historia o narración enmarcada donde unos personajes narran historias a otros y algunas de las historias acaban entrelazándose, pero de una manera magistral que hace que el lector no llegue nunca a perder el hilo de la narración. El libro tiene algunas escenas transgresoras para la época como la escena lésbica e incestuosa entre las dos hermanas árabes. También hay ironía al hablar de las creencias de algunos representantes de la iglesia como el ermitaño que quiere salvar de la condenación al endemoniado Pacheco, mientras nuestro protagonista se mofa de que existan los endemoniados. 

¿Por qué hay que leerlo? Es una obra clave en la construcción del género fantástico, un derroche de imaginación y sentido aventurero que os va a volar la cabeza, amigos de la posmodernidad. Potocki, armado con su verborrea narrativa es capaz de transportarnos a situaciones hilarantes y fantasmagóricas. No en vano, teóricos del género como Todorov lo escogen como obra cumbre para teorizar sobre el género fantástico. 

¿Algún problema? Todo el libro es una obra preciosista y desde ya proclamo que debería ser materia de estudio obligatoria en la Educación Secundaria (si el Quijote lo es, Potocki también puede). El pero es que en la segunda parte la narración pierde fuelle y algunas historias se vuelven repetitivas y menos interesantes, para la que suscribe al menos, porque se alejan del género fantástico. Vamos, que no es un libro de Stephen King ni os vais a llevar sustos que os hagan saltar del asiento. En 1815 el género fantástico funcionaba de otra manera y aún estaba muy ligado a mundos más maravillosos que tenebrosos. 

Como curiosidad morbosa, por si aún no os convence, contaros que Potocki se suicidó de un tiro en la sien después de acabar de escribir esta obra. Había invertido un tiempo de su vida en limar una bala de plata para que cupiese en su pistola. Cuentan las malas lenguas que se le había metido en la sesera la idea de que se estaba convirtiendo en hombre lobo y de ahí la bala de plata. 

30 días, 1 historia: Febrero

Inauguramos sección este Febrero de invierno y noches aún largas y oscuras. Cada mes vamos a recomendar una peli, una serie o  un libro que ya sea por temática, autor o pura corazonada nos haya llamada la atención y despertado el hype. Empezamos con Braid de la debutante en la dirección y el guión Mitzi Peirone. El reparto cuenta con Madeline Brewer (El cuento de la criada) e Imogen Waterhouse (Animales Nocturnos). La historia nos cuenta como dos jóvenes amigas, perseguidas por la policía deciden robar a una tercera amiga de la infancia muy rica y muy psicótica para más inri. La amiga rica descubre sus intenciones y decide jugar con ellas en el particular universo psicótico que crearon las tres cuando eran unas crías.

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¿Por qué verla? La premisa de la narrración tiene cierta originalidad y puede crear una buena historia de ambiente donde se juegue con ficción y realidad de una manera interesante. Podría resultar un cuento de hadas perverso e inquietante. El guión aporta frescura al género.

En contra: es cine independiente por tanto,  arma de doble filo como bien han demostrado algunos chascos llegados de Sundance. Podemos estar ante una joya o ante un bluf muy grande. Hasta que no abramos el melón difícil saberlo.

ESTRENO: 1 de Febrero en USA.